Decir lo que sentimos, sentir lo que decimos, concordar las palabras con la mente. (Séneca)

Decir lo que sentimos, sentir lo que decimos, concordar las palabras con la mente. (Séneca)

lunes, 22 de octubre de 2012

"Perdona,¿estudias o trabajas?", y otras historias de ligoteo (I)

Antes de nada, pido disculpas por anticipado a todo aquél o aquélla que se pueda sentir ofendido por mis palabras. Sobra decir que nada más lejos de mi intención el molestar a nadie, que todo lo que escribo aquí son opiniones personales, historietas del día a día, y por supuesto, sin trascendencia ninguna, faltaría más. Simplemente las cuento para compartirlas, que las alegrías y las penas, en compañía saben mejor. Qué pasa, ¿vas a insultar a alguien?, se preguntará alguno/a. Qué va, por Dios, es sólo que me apetece hablar de temas de ligoteo, y sé que a veces es algo delicado...

viernes, 12 de octubre de 2012

Correr es sexy

Resulta que ahora hago footing. Bueno, footing no, que esa palabra dicen los ingleses que no existe. Hago jogging, o running; vamos, que salgo a correr. Y teniendo en cuenta que llevaba unos cinco años sin hacer deporte ni medio en serio, es un gran logro. No, no, ahora que lo pienso, sí he hecho deporte medio en serio no hace mucho. Pero claro, llamar deporte a apuntarme al gimnasio y pisarlo seis veces en dos meses, me parece echarle demasiado morro. Posiblemente ha sido el paso más fugaz de todos los tiempos por un gimnasio. Visto y no visto...

sábado, 29 de septiembre de 2012

No me digas que los ángeles no existen

Siempre fui una niña un tanto miedica. Por qué no decirlo, lo confieso. La oscuridad era superior a mis fuerzas, me asustaba cualquier ruidito que escuchase de noche, imaginaba todo tipo de criminales entrando en casa y andando por el pasillo, a oscuras, sin tropezarse los muy jodíos (ups). Miraba hacia la puerta y creía verlos allí, y entonces me escondía debajo de las sábanas, corroborando la creencia universal de que las sábanas le protegen a uno de todo mal, que no sé de dónde leches hemos sacado esa teoría, pero el caso es que el 99 % de nosotros lo creemos firmemente. Y así me tiré hasta que cumplí no sé cuántos, y descubrí que dormir es algo maravilloso y uno de mis grandes hobbies, por cierto.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Y se hizo la luz

Hace unos cuantos años ya, cuando era más joven (si cabe), me dio por las frases célebres y los proverbios. Ya está aquí la pirada, diréis. Pues sí, pero ya no tengo remedio. Tanta tabarra di en casa, que mis padres me compraron un libro llenito de frases de ésas, probablemente con la esperanza de que se me pasara la tontuna, pobrecillos. Y tenían razón. El libro acabó guardado en el armario (uno más de tantos), y a mí seguro que me dio por alguna otra cosa, pero vete a saber qué, porque ya os digo que de esto hace un tiempecito largo.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Karma

Hubo una época en que llevaba mochila, me ponía la carpeta en el pecho y decía "Jo, tía". Por aquel entonces, todavía no había Whatsapp y se bailaban las canciones de King África en la discoteca. Vaya marcha, ¿eh? Recuerdo que me sentaba la primera en clase, muy empollona yo, y que me gustaba un amigo mío muuuuuy guapo que iba para bombero y no sé qué hizo al final, algo de delineante, creo recordar. Qué tiempos... Y recuerdo lo mucho que sufrí con una asignatura en especial, la dichosa física, ésa de los dos trenes que salen siempre de Barcelona y de Madrid en sentidos contrarios, y de los que había que averiguar dónde leches se encontraban, que digo yo que pa'qué narices había que calcularlo, que a mí me gusta viajar y no me preocupo de dónde me cruzo con el Cercanías que viene en la otra dirección... Qué manía la cogí, por Dios.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Terapias de choque

De culo y contra el viento. O de culo y cuesta abajo, como prefiráis. Así es como siento a veces que va el mundo. Es mi deber advertir de que la parrafada que voy a soltar a continuación, probablemente sea fruto de una pequeña crisis existencial mía, nada serio (espero). Dicho esto, prosigo, que había nombrado dos veces la palabra "culo" y me tengo que explicar.

domingo, 26 de agosto de 2012

Atascos, vecinos y por qué no pude aguantarme la risa (II)

Bueno, ¿por dónde iba? Hmmm... Ah, sí, ya me sitúo. Con estas pintas aparecí yo en la puerta de mi pobre vecina inundada, pero no era la única que estaba allí ni la última que llegaría... 

Menudo percal el que me encontré al bajar. Medio bloque allí reunido. El alquilado, más cabreado que una mona, porque supuestamente le habían insultado, subiendo y bajando las escaleras, sin saber muy bien si meterse en su casa o seguir defendiendo su honor delante de todos. La hija de la dueña del piso que se había convertido en charca (pobres, qué panorama), discutiendo acaloradamente con la dueña del piso alquilado, que se había presentado para evaluar daños y perjuicios, y ya de paso, todo sea dicho, defender su impunidad en el asunto. Que ella no era responsable de nada, decía la mujer, que en el momento en que uno alquila su casa, se terminan sus obligaciones. Pues no es por meterme, señora, pero no me parece ni medio bien. Bueno, mi opinión no cuenta, que esto es una narración objetiva, disculpe usted. Mientras, unas cuantas vecinas de esas que se lanzan a ayudar cuando surge la necesidad, achicando aguas (residuales, recordad), fregando y soportando olores no precisamente florales. Alguna iba sin zapatillas, que no era plan de manchárselas de mierda, que eso luego no sale (digo yo). Dos pobres chavalines del segundo (que también había sufrido los efectos del atasco), sacando los cubos y bajándolos por las escaleras, para que luego digamos que los adolescentes son unos insolidarios. Y mientras, la discusión alquilado-vecinos hasta las pelotas, continuaba. Que si tú me has insultado, que si eso no te lo crees ni tú, que si a mí no me insulta nadie, que si estamos hasta los mismísimos de ruidos...

Total, que en esto va y se presenta la policía. No sabían ni quién les había llamado. Por lo visto, había sido el alquilado, que se sentía herido en lo más profundo. Y claro, cuando preguntan qué ocurre y se dan cuenta de que todo se reduce a un atasco, se quedan de piedra. Normal, la policía no desatasca bajantes. Ni saca mierda en cubos. Así que allí estaban los pobres, intentando poner un poco de paz en aquel gallinero, diciendo que no era para tanto, hombre, que eso lo solucionaba el seguro y no hacía falta pelearse... Pobres, nadie les dijo cuando se sacaron la oposición que lo más peligroso del mundo son las comunidades de vecinos. En fin, que yo ya no sabía cuánta gente había en aquella casa empantanada.

Y suena el ascensor. Se para. Todo el mundo allí reunido en el descansillo, en pijama, entre mierda y hablando a voces. Se abre la puerta. Yo me giro, y sale un señor mayor, de unos 60 años. Pelo blanco, mirada inocente y mono azul. Profesión: fontanero. De la casa, no del seguro de la comunidad, nos enteraríamos después. El hombre se nos queda mirando, asombrado de encontrar a tanta gente en un sitio tan pequeño, a esas horas y con ese olor. Prepara su intervención. "Hooooooola" Sin más. Por si alguien sabe quién es Ned Flanders, le diré que el tonillo con que saludó fue como el suyo. Parecía Miliki el hombre, le faltó decir "¿Cómo están ustedes?"  Y ahí ya me dio la risa. No lo pude evitar, fue demasiado para mí. Si alguien me hubiera dicho que eso era el camarote de los hermanos Marx, me lo hubiera creído.

Total, que el pobre fontanero, al que he decidido llamar el señor Miliki, entró en la casa a comprobar los daños. Luego resultó que él no venía del seguro de la comunidad, así que el atasco no estaba en su jurisdicción (siempre he querido decirlo). La policía consiguió su objetivo, calmar los ánimos de los afectados, y se fue de allí con el orgullo y la satisfacción del deber cumplido (¡olé!). Yo, que estaba fuera del alcance de las aguas residuales (que una es cotilla, pero no tanto) me di por vencida y me senté en las escaleras, que eran las tantas y las emociones me habían dejado hecha polvo (¡qué juventud!) Y dentro de la casa, la hija de la dueña le pregunta al señor Miliki que si le manda por mail las fotos de cómo estaba el baño recién inundado, con patos y todo, a lo que el buen hombre le responde que no, que mejor se las mande por Whatsapp. Efectivamente, yo también pensé que había escuchado mal, que no podía ser que el señor Miliki usara de eso, y menos para tratar cuestiones de mierda (literalmente) Pero la realidad supera a la ficción, ahora lo sé con absoluta certeza, y después me confirmaron que sí, que aquel hombrecillo Whatsappeaba. Toma ya.

En fin, que la cosa se calmó, todo el mundo se fue a su casita a descansar, que mañana sería otro día, y los afectados llamaron al seguro de la comunidad, que a las doce y pico o la una de la mañana estaba el pobre fontanero desatascando la mierda, muy profesional, pero seguro seguro que no tan divertido como el señor Miliki. Como habréis podido comprobar, yo fui una mera espectadora, llamadme cobarde o insolidaria si queréis, pero es que para quedarme con todos los detalles de la historia necesitaba poder moverme con libertad, entrar y salir, sin llevar caca en las manos a ser posible, un espíritu libre, vamos. Ahora tienen que arreglar los pisos dañados y todo lo demás, esperemos que la cosa termine bien y sin olores.

Y esto es todo (amigos). Sé que no era una comedia, que encontrarte tu casa llena de agua marrón no es plato de gusto. Pero ahora que sabéis los detalles, espero que me perdonéis y podáis entender por qué esa noche no pude aguantarme la risa...