
Antes de nada, hace falta decir que yo soy muy sensible, llorona como nadie (bueno, como mi madre, que tuvo la amabilidad de compartirlo conmigo en mis genes...) Así que, probablemente, me tomo las cosas demasiado a pecho, y lo que para muchos sería quizás una gilipollez (con perdón), para mí es un mundo. Qué le voy a hacer, tendré que aguantarme a mí misma...
En fin, pues eso, la tristeza. Me he dado cuenta de que puede llegar a ser adictiva. Me explico. Al principio llega por alguna causa (aunque a veces, aparece sin más, pero eso ya es otra historia). Puede ser una pérdida (trabajo, pareja, algún familiar), una enfermedad, yo qué sé, mil historias. Te da por no dormir (o dormir mucho, demasiado); por no comer (o comer mucho, o a deshoras, sobre todo chocolate, que quita las penas, dicen), por no concentrarte en el trabajo (o concentrarte demasiado, vivir para trabajar) En fin, que te desequilibra. Creo que ésa es la palabra. Es increíble lo que el estado de ánimo hace en nosotros. Prácticamente lo es todo.
Cuando la tristeza llega, no te quieres sentir así, pero no lo puedes evitar. Es como si se apoderara de ti. Pero la cosa puede llegar a cambiar cuando la dejas quedarse demasiado tiempo. Y aquí yo creo que es donde empieza lo peligroso. Parece que, si permites que te acompañe mucho, al final le coges el gustillo, como que te resulta reconfortante de alguna extraña manera, una especie de compañía. Y esto ya sí que no. Una cosa es sentirse triste o depre durante un tiempo (que todos tenemos derecho), y otra, rebozarse por gusto en la mierda (y otra vez con perdón). Es como si nos sintiésemos más especiales por estar de bajón. Yo creo que a veces, incluso nos gusta utilizarla de excusa ("No fui porque estaba triste, perdóname", "Uy, se me olvidó llamarte, pero claro, entiéndeme, estoy depre..." ), y blablabla. Estar triste es una consecuencia, no debemos convertirlo en una excusa, ni mucho menos, en un escudo para aislarnos del mundo.
Así que mi humilde conclusión es ésta: cuando sientas que la tristeza entra en tu vida, estás en todo tu derecho a dejarla pasar, pero nunca la trates como una reina, porque es posible que se quede demasiado. Y sobre todo, ten esperanza de que se irá. La tristeza no es desilusión, ésa no hay que perderla nunca. A ver si me hago caso a mí misma por una vez...
No hay comentarios:
Publicar un comentario