
La página recopila charlas, normalmente en inglés. Charlas sobre ciencia, educación, psicología, arte...Sé que a priori no suena muy emocionante, pero debo decir en mi favor que los que dan estas charlas molan. Es gente que sabe hablar en público, no como muchos de los que vemos en la tele, o dando clase, que se arman pifostios ellos solos, o aburren a las ovejas. Los de estas charlas saben cómo engancharte para que les escuches. No importa los años que pasen, yo sigo maravillándome con esas personas que tienen el don de cautivar a un auditorio...
El caso es que el otro día vi una sobre libros. Más concretamente, sobre el diseño de las portadas. Y, sorpresa, fueron 18 minutos de risas y muchos aspectos interesantes en los que yo ni me había parado a pensar. El responsable de esa gran charla es Chip Kidd, un diseñador gráfico de renombre, con talento y carisma a raudales, y un sentido del humor agudo como pocos. Hablaba de cómo las portadas de los libros deben reflejar su espíritu (y no sólo su contenido), y por supuesto, de cómo una buena portada nos hace lanzarnos a por el libro y dejar a un lado el resto. Como la vida misma, vamos.
Y entonces me acordé de ese refrán que dice no juzgues un libro por su portada, que poniéndonos en plan profundo y metafórico, se refiere a las personas, claro. No te fijes (sólo) en las apariencias, no opines sin conocer... esas cosas. Por supuesto que hay gente especial, con mayor sensibilidad, o perspicacia, o vete tú a saber qué, que son capaces de forjarse la opinión correcta de una persona nada más verla. Mi madre, por ejemplo. Esas personas tienen una especie de radar, o sexto sentido, que en la mayoría de las ocasiones les ahorra el largo proceso de conocer a alguien para poder opinar. Mi madre rara vez se confunde con la gente. Es como si oliera su forma de ser. Hmmm, cuidado con ése, o con la otra... ¿Por? No sé, ya me dirás... Y da en el clavo, la jodía.
Yo he descubierto que no he heredado su sexto sentido. Bueno, es algo que ya sabía, pero cada cierto tiempo lo corroboro. En muchos aspectos soy como ella, es verdad, pero no en éste. El otro día coincidí en el metro con un hombre que iba descuidado, algo sucio y con una gran mochila. Aparentaba tener treinta y pocos, y con la arrogancia que da el no conocer, no sé por qué supuse que vivía en la calle. Que llevaría sus pertenencias en esa mochila, su ropa, otras zapatillas que sustituyeran a las rotas que llevaba puestas. A los diez minutos abrió la mochila buscando algo. Entonces sacó un libro fotocopiado y encuadernado. No pude evitar mirar y leí el título. Osteopatía. Un manual, supongo. Un libro de texto para estudiar.
No sé si ese hombre vive en la calle o no. Lo que sí sé es que mi juicio rápido sobre él me llevó a suponer un montón de cosas sin motivo (y sin razón, está claro) Cosas que sólo sabes cuando conoces a alguien, como si estudia o si trabaja, o si le gusta tal o cuál música. El contenido de su persona, no su portada. Por eso siento la necesidad de disculparme con él, por prejuzgarle sin ton ni son. Si alguna vez lee esto por casualidad, sí, yo soy aquélla del metro que metió la pata, lo siento de verdad.
Así que, sí, disfrutad de las portadas de los libros, que algunas son verdaderas obras de arte y de ingenio. Pero si no tenéis un sexto sentido como el de mi madre, no os fiéis de las apariencias. A mí no se me da bien...
¡Ah! La página web, claro: www.ted.com
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