Decir lo que sentimos, sentir lo que decimos, concordar las palabras con la mente. (Séneca)

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miércoles, 14 de agosto de 2013

Me gusta cuando (no) callas...

En mi familia tenemos un vicio. Lo bueno de nuestro vicio es que no es destructivo, ni para el bolsillo ni para la salud. Lo malo es que lo tenemos presente a cada momento, no hay un segundo de respiro con esta adicción. Y lo puso de moda mi madre, así que cada vez que vemos una peli americana doblada al castellano, ella suelta la pregunta de siempre: Ay, ¿de quién es esa voz...? 

Esto nos pasa por no ver pelis en versión original, lo sé. Y mira que me gusta el English, pero me entra la vagancia cuando tengo que estar hora y media frente a la pantalla y  me pierdo a los diez minutos. Así que las veo todas dobladas, y no sé qué pasa en este país, pero debe de haber cuatro dobladores contados, porque oigo las mismas voces una y otra vez. Al final, cierras los ojos, y esa inconfundible voz te hace creer que la peli es de Bruce Willis, que me encanta, pero no, es su voz en otro señor que ni se le parece...

Pues nada, que soy una obsesa de la palabra hablada. Me pierden las voces bonitas, no lo puedo evitar. Es que es oír a Christian Bale (doblado), y me enamoro una y otra vez. Así me pasa, que cuando salgo del cine, me pongo a buscar entre la multitud alguien que hable con ese sonido tan varonil, y no, de momento no lo he encontrado.

Cuando tienes un vicio, sea el que sea, muchas veces tu adicción evoluciona. Como cuando empiezas a hacer deporte, que primero eliges uno solo, tímidamente, y luego tu abanico del vicio se abre y hala, te apuntas a todo lo que haya en el gimnasio. Mi adicción por las voces se extendió a lo que es la conversación en sí. Pasé de enamorarme del sonido, a enamorarme también del contenido. Y no es que busque que me hablen de temas existenciales, filosóficos o del Ibex 35, no, por Dios. Lo que busco es esa sensación de me apetece escucharte, de estar frente a alguien que te enganche con lo que cuenta, cosa que, muy a mi pesar, me sucede poquitas veces. ¿Me estaré volviendo antisocial? Con lo maja que yo era...

El otro día estaba en la piscina, y un niño de unos diez años se puso a hablar conmigo, así sin más, sin conocernos. Se acercó con un simple hola y me contó cosas de su cole, de lo mucho que le gustaban los coches, de lo bien que nadaba... Yo le dije que era profe, pero de mayores, y el niño se quedó pensativo y me dijo: Me gustaría ir a tu cole y conocerte de nuevo. Y yo, alucinada por esa sinceridad que tienen los peques y que nunca dejará de sorprenderme. Pues fue una conversación tan bonita y tan natural, que me fui a mi casa con una sonrisa.

Pero esta naturalidad muchas veces se pierde. Y ya no sabemos conversar. Como cuando salí a bailar hace poco y se me acerca un chaval. Que si patatín, que si patatán, chorraditas varias. Detalle importante: ni me preguntó mi nombre. En fin. A los cinco minutos va y me dice que si me puede hacer una pregunta, para una "encuesta" que está haciendo. Venga, va, le digo que adelante. "¿Vosotras (mi amiga y yo) salís a ligar?" Ésta es fácil, le digo que depende de con quién, claro. No se trata de ligar por ligar.

Se envalentona y me dice que si me puede hacer otra pregunta para la encuesta, pero que no le pegue por preguntar. Ahora lo pienso y una hostia en toda la cara le hubiera venido bien, pero así soy yo, de efecto retardado. Me dice al oído: "¿Tú... (ya se había centrado en una de las dos) sales a follar?" Claro, a mí me sueltan esto así, sin anestesia, sin un cortejo previo, y la poca atracción que pueda yo sentir por este personaje se me evapora. Fría como el hielo, me quedo. Miles de respuestas ingeniosas hubieran sido oportunas en aquel momento, pero estaba en estado de shock y sólo me salió una: No. Rotundo. Y el chavalín, tal como vino, se fue, sin un adiós, gracias, perdona por las molestias, ni nada de nada.

En fin, que hay formas y formas de acercarse a alguien y charlar. Como aquel tío tan majete que me preguntó por dónde quedaba el Camino de Santiago. Original y simpático, sí señor. Y, de vez en cuando, encuentras a alguien especial que te conquista con su chispa, a quien escucharías durante horas y horas. Yo sólo he conocido a una persona así, el Señor X. A él es a quien le diría eso de me gusta cuando no callas...






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