
Era por la tarde, hacía frío y estaba oscuro (es para poneros en situación). Entré en la oficina de los psicotécnicos y olía a ambientador de los dulzones, de esos que a mí siempre me revuelven el estómago, como en las tiendas de jabones o inciensos (ya he dicho que soy un bicho raro). Había dos ciudadanos chinos delante de mí, uno como conductor caducado (como yo), y el otro como acompañante. El conductor entró a hacerse las pruebas sonriendo y asintiendo con la cabeza a todo lo que la señorita allí encargada le preguntaba, y yo creo que no se enteraba de gran cosa, el pobre, pero era muy educado y hacía caso en todo. Tardó un rato en salir, y mientras yo ojeaba cuatro revistas de cotilleos y me tapaba la nariz para no atufarme con el ambientador, el acompañante esperaba de pie a su amigo, sin moverse, dispuesto a rescatarlo si fuera preciso.
Y por fin llegó mi turno. Foto, datos personales y pa'dentro. Primera prueba: maquinita con botones y palancas. Que si pulsa el botón cuando creas que la bolita llega al final; que si procura que las líneas no se salgan de la carretera. La mujer sale y me deja allí sola, luchando contra la máquina, pensando que aquello no acababa nunca, recordando lo mala que soy con los videojuegos, y por fin vuelve. "Tienes tendencia al retardo", me dijo, "pero bueno, está dentro de los límites". Hala, a otra cosa, mariposa.
Después me tomó la tensión y me metió en una cabina como si yo fuera a grabar un disco. Me puso unos cascos de tamaño industrial y me dijo que levantara la mano cada vez que oyera un pitido. Parece ser que me comí alrededor de cuatro o cinco pitidos en el oído derecho. "Oyes mejor por el izquierdo", me dijo ella. "No, perdone, es que esta frecuencia sólo la escuchan los perros". Pero no lo dije, que ya sabéis que soy muy educada. Por último, prueba de visión. Un ojo tapado, unas letritas cada vez más pequeñas, y luego el otro, lo típico. Ésta me salió bien. Total, que ya habíamos acabado. Sesenta y tantos eurazos, toma ya. Muchas gracias y buenas tardes.
Pues qué queréis que os diga, pero no me convence esto de los psicotécnicos. Yo saqué varias conclusiones. La primera y fundamental: que tengo tendencia al retardo (vamos, que soy lenta, no sé si de entendimiento o de reflejos...), y que no capto la frecuencia de los perros con mi oído derecho. Ahora lo uso en mis clases. Ya les he dicho: "el médico me ha comentado que me estoy quedando sorda de este oído (y lo señalo), así que no seáis tan chillones por esta zona... (y les lanzo una mirada acusadora)". Ellos me miran y me dicen que estoy vieja. Qué jodíos. La segunda: que me parece a mí que estas pruebas deberían ser más rigurosas. Que te capacitan para manejar una máquina peligrosa, seamos sinceros. Que a veces pasan por alto ciertas cosas que son fundamentales. Cuatro pruebas de nada no son lo más adecuado para permitir que una persona salga a la carretera. Vamos, que si yo me tuviera que examinar ahora mismo, no daría ni una. Ni en el teórico, ni en el práctico. Para que pudiese volver a coger un coche, debería pasar de nuevo por la autoescuela y refrescar la memoria.
Así que, mientras ahorro para unas cuantas clasecitas y no ser así un peligro al volante, seguiré con mi abono transportes, que para renovarlo no me hace falta ningún psicotécnico (menos mal), sólo tengo que soltar otros sesenta eurazos. Y el vendedor es muy amable y no me dice que tengo tendencia al retardo...
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